Presencia plena en sesión: cómo sostenerla sin perderla

Introducción

Conoces ese momento. Tu coachee está hablando de algo importante, quizás lo más importante que ha compartido en semanas, y de repente te das cuenta de que llevas treinta segundos pensando en la sesión anterior, en lo que tienes que hacer al salir, o en si tu pregunta anterior fue la correcta. Estás en la sala, pero no estás en la sesión. Por eso, es necesaria la presencia plena en sesion de coaching.

La presencia plena —esa capacidad de estar aquí, ahora, con toda tu atención disponible para la persona que tienes enfrente— es, posiblemente, la competencia más determinante del coaching consciente. Y también la más difícil de sostener. No porque sea compleja en su concepto, sino porque la mente humana, incluida la del coach más experimentado, tiene una tendencia natural a vagar. El neurocientífico Matthew Killingsworth estimó que las personas pasan casi el 47% de su tiempo con la mente en otro lugar. Los coaches no somos una excepción.

Este artículo no es una reflexión abstracta sobre la atención. Es una guía práctica para que, en tu próxima sesión, puedas reconocer cuándo te vas, entender por qué ocurre, y volver con habilidad y sin drama.

Herramientas de presencia plena para coaches: respiración y anclaje corporal

Qué entendemos por presencia plena: el marco teórico

La presencia no es simplemente estar callado mientras el otro habla. Es un estado activo de apertura, receptividad y contacto genuino con lo que está ocurriendo en el momento.

La psicóloga y maestra de meditación Tara Brach la define como «la sensación con sentido (the felt sense) de atención plena, apertura y ternura que surge cuando estamos aquí y ahora con nuestra experiencia». El psiquiatra Daniel J. Siegel, en su trabajo sobre neurobiología interpersonal, añade que presencia, sintonía y resonancia son tres estados que se encadenan: cuando el coach está plenamente presente, puede sintonizarse con el mundo interior del coachee, y esa sintonía genera resonancia, ese estado donde dos personas separadas se convierten en un sistema funcional compartido. Es, literalmente, como el coachee se siente sentido.

Desde el mindfulness basado en evidencia (MBSR, Kabat-Zinn, 1990, UMass Medical School), presencia y atención plena son casi sinónimos: «la capacidad de ser consciente, de no atascarse en el pasado ni inclinarse al futuro, sino abrirse y aceptar cualquier cosa que surja momento a momento». Pero, como apunta Ronald Siegel en Sentarse juntos, el mindfulness también es el proceso de entrenar la mente para que regrese, una y otra vez, cuando se ha ido.

Desde la Psicología Humanista de Carl Rogers, la presencia es inseparable de la autenticidad y la aceptación incondicional. No puedes estar plenamente presente con tu coachee si no estás primero presente contigo mismo. Y desde el Coaching Ontológico de Echeverría, la presencia incluye el cuerpo: tu postura, tu respiración, el tono de tus palabras comunican tanto como cualquier pregunta.

«La presencia es la forma más pura de receptividad que puede lograr la mente.» — Daniel J. Siegel, Cerebro y Mindfulness, 2010

Por qué la presencia se pierde: lo que ocurre en tu cerebro

Antes de hablar de técnicas, conviene entender el mecanismo. La mente no se distrae por falta de voluntad. Se distrae porque así está diseñada.

El secuestro atencional

Durante una sesión, tu atención puede ser captada por múltiples factores: el contenido emocionalmente intenso del coachee puede activar tu amígdala y ponerte a la defensiva; una preocupación personal puede emerger sin invitación; o simplemente el tono de voz del coachee puede bajar y tu cerebro interpreta la situación como «menos interesante». R. Siegel lo describe con precisión: «El contenido de la sesión puede amenazarnos y nuestra atención se puede poner a la defensiva; una preocupación externa puede atraer nuestra atención; nuestro cliente puede desconectar, haciendo que sus palabras sean menos interesantes.»

La neurociencia nos ofrece un dato relevante: cuando las personas con mayores niveles de atención plena se enfrentan a estímulos emocionalmente cargados, su corteza prefrontal medial muestra mayor activación, mientras que su amígdala muestra menor reactividad (Creswell et al., 2007). En otras palabras: la práctica del mindfulness entrena literalmente el circuito cerebral que te permite estar presente bajo presión, sin reaccionar de forma automática.

La corteza cingulada anterior (CCA), región implicada en la regulación de la atención y la modulación emocional, también se activa durante la práctica meditativa. Esto sugiere que cada vez que vuelves tu atención al momento presente —en meditación o en sesión—, estás fortaleciendo el mismo circuito neuronal que te permitirá hacerlo con más facilidad la próxima vez. La plasticidad neuronal trabaja a tu favor.

La contratransferencia silenciosa

Existe otro factor menos evidente: tus propias reacciones emocionales ante lo que escuchas. Cuando un coachee toca algo que también te afecta a ti —una relación difícil, el miedo al fracaso, la sensación de no ser suficiente—, el riesgo de perderte no es que te distraigas hacia fuera, sino que te enganches hacia dentro. Tu pensamiento empieza a girar en torno a tu experiencia, no a la de tu coachee. Aprender a notar esto sin actuar desde ello es, quizás, la dimensión más profunda del trabajo del coach consciente.

«Podemos aprender a alejarnos, a ver nuestros pensamientos y sentimientos simplemente como pensamientos y sentimientos, y no como realidades y, en vez de perdernos en ellos, volver a poner nuestra atención en el cliente.» — Ronald D. Siegel, Sentarse juntos, 2014

ir y volver de la mente distraida

La dimensión corporal de la presencia

Uno de los errores más comunes es tratar la presencia como un fenómeno exclusivamente mental. Como sabes si has estudiado el coaching ontológico o el somatic coaching, el cuerpo no es el envase del coach: es su instrumento principal.

Liz Hall, en Mindful Coaching (2013), recoge el testimonio de coaches somáticos que utilizan el cuerpo como señal de información: «Si siento inusual nerviosismo, lo nombro y pregunto al cliente cuánto de nervioso se está sintiendo él.» Esta resonancia somática —escuchar con todo el cuerpo— solo es posible cuando el coach está en contacto con sus propias sensaciones físicas en tiempo real.

El concepto de centrado (centring), compartido por el coaching ontológico y el somatic coaching, ofrece una forma concreta de anclarse en el cuerpo antes y durante la sesión: distribuir el peso de forma equilibrada, bajar el centro de gravedad hacia el abdomen, alargar la columna, suavizar la mandíbula. No es un ritual. Es neurofisiológicamente relevante: la postura abierta y enraizada activa el sistema parasimpático y facilita la regulación emocional, lo que a su vez amplía tu ventana de tolerancia ante el material del coachee.

Herramientas prácticas para sostener la presencia en sesión

1. El ritual de entrada: los tres minutos previos

Antes de que el coachee entre (o de que conectes en online), dedica tres minutos a una práctica de anclaje. Cierra los ojos. Lleva la atención a la respiración. Nota los puntos de contacto de tu cuerpo con la silla, con el suelo. Observa qué está presente en tu mente: preocupaciones, expectativas, ganas. No intentes eliminar nada. Simplemente obsérvalo. Pon intención explícita: «Estoy aquí para acompañar a esta persona. Todo lo demás puede esperar.»

Esta práctica entrena la atención focalizada, una habilidad fundamental del mindfulness que fortalece, con repetición, tu capacidad de concentrarte independientemente del contenido de la sesión. Karen Horney la llamaba atención «incondicional» (wholehearted attention): presente con independencia de cuán interesante o difícil sea lo que surge.

2. La respiración como ancla en sesión

No tienes que meditar en mitad de la sesión. Sí puedes usar micro-pausas de un par de respiraciones como ancla cada vez que notes que te has ido. El protocolo es simple: (1) Nota que te has distraído, sin juzgarte. (2) Toma una respiración consciente. (3) Vuelve al coachee con atención renovada.

La mini-pausa mindfulness —descrita por R. Siegel como una herramienta de anclaje en la conciencia del momento presente— es especialmente útil cuando el coachee está en un momento de pausa o reflexión, momentos que tu mente ansiosa suele aprovechar para viajar. Úsalos a tu favor: ese silencio también es tuyo para volver.

3. El escáner corporal exprés como detector de distracción

Desarrolla el hábito de hacer pequeños escáneres corporales de 10-20 segundos durante la sesión: ¿cómo está mi mandíbula? ¿Mi respiración es corta o fluida? ¿Estoy hacia adelante o hacia atrás en la silla? Estas señales físicas son indicadores fiables de tu estado atencional. Una mandíbula tensa, hombros subidos, respiración alta en el pecho: señales de que has salido del modo presencia y has entrado en el modo «gestión».

Cuando te des cuenta, no corrijas con esfuerzo. Simplemente suelta. Exhala. Reencuéntrate.

4. El ejercicio «¿Qué es lo que te aleja?» (para practicar con un colega)

R. Siegel propone este ejercicio de entrenamiento para practicar con un colega. Funciona así: dos personas se sientan frente a frente y acuerdan los roles de orador y oyente. Ambos cierran los ojos unos minutos, llevan la atención a la respiración y se centran. Cuando abren los ojos, empieza el ejercicio.

El orador habla en voz alta durante dos minutos, respondiendo sin censura a esta pregunta: «¿Qué es lo que me impide estar plenamente presente en mi trabajo?» Lo que surja, sin estructura ni filtro.

El oyente escucha, pero con una restricción deliberada: no puede hacer ninguna de las cosas que hacemos automáticamente para demostrar que prestamos atención. Nada de asentir con la cabeza, nada de sonreír, nada de «ajá» o «entiendo». Solo recibe lo que el orador comparte.

Tras los dos minutos, intercambiáis roles y repetís el proceso. Al final, compartís lo que cada uno ha notado, tanto al hablar como al escuchar.

Este ejercicio tiene un valor doble: te entrena en la atención focalizada y te revela qué te roba la presencia específicamente a ti. Porque no es lo mismo para todos. Para algunos es la autocrítica. Para otros, el impulso de demostrar valor con una pregunta brillante. Para otros, el miedo a los silencios.

coach practicando mindfulness para estar presente en sesion

La dimensión ética: ¿enseñas lo que vives?

Aquí llega la parte incómoda, y por eso es la más importante.

Si trabajas integrando mindfulness en tu práctica de coaching, en algún momento tendrás que mirarte y preguntarte: ¿cuánto de lo que propongo a mis coachees lo habito realmente yo? La presencia no es una técnica que se aplica en sesión y luego se abandona. Es una orientación vital que se cultiva o no se cultiva.

El riesgo ético no es enseñar lo que no se sabe. Es enseñar desde un lugar que no se ha transitado. Un coach que habla de presencia pero vive disociado de su propio cuerpo, que habla de mindfulness pero no tiene práctica personal sostenida, está ofreciendo un mapa sin haber recorrido el territorio. Esto no solo limita su eficacia, sino que puede generar una incoherencia que el coachee percibe, aunque no pueda nombrarla.

La autocompasión (Neff, 2003) es aquí el antídoto ante el perfeccionismo: no se trata de ser el coach perfectamente presente todas las sesiones del día. Se trata de tener una práctica personal honesta, de notar cuándo no estás ahí, y de volver. Eso mismo es lo que pedimos al coachee.

«La ‘práctica plena’ en las profesiones de acompañamiento crea en nosotros el estado de reflexión y de disponibilidad emocional que se encuentra en la base de la labor efectiva.» — Daniel J. Siegel, Cerebro y Mindfulness, 2010

Conclusión: volver es la práctica

La presencia plena no es un estado que se alcanza y se mantiene. Es un movimiento continuo: vas y vuelves, vas y vuelves. Cada vez que notas que te has ido y regresas, no has fallado: has practicado. Esa es la esencia del entrenamiento atencional, y también, en cierto modo, la esencia del coaching: acompañar a alguien a notar dónde está y decidir conscientemente dónde quiere estar.

En tu próxima sesión, no te exijas presencia perfecta. Exígete honestidad. ¿Estás aquí? ¿Puedes volver? ¿Puedes hacerlo con amabilidad hacia ti mismo?

Ese retorno, repetido mil veces, es lo que transforma a un coach técnico en un coach que deja huella.

Si quieres profundizar en la práctica de la presencia consciente y desarrollar herramientas concretas para integrar el mindfulness en tu acompañamiento profesional, te invito a ponerte en contacto conmigo y a unirte a nuestra comunidad de coaches conscientes.

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